Ser así fue divertido hasta cierto punto. Mirar a los demás con desidia puede llegar a ser divertido en la medida que seas capaz de lidiar con esa máscara sin que te coma por dentro. Pero yo nunca he conocido a persona alguna capaz de librarse de esa putrefacción.
Yo me pudrí entero, hasta las entrañas. Era un zombie que en vez de buscar carne humana comía papas fritas acostado en su cama.
Yo me pudrí entero, hasta las entrañas. Era un zombie que en vez de buscar carne humana comía papas fritas acostado en su cama.
Durante el período de descomposición perdí muchas cosas y caí en cuenta de otras tantas que simplemente nunca tuve. Fracasé en mis estudios y hoy pago las consecuencias de ello. Se fue la persona que me regaló mi lámpara de lava y, tan ensimismado, fui incapaz de retenerla. Me di cuenta de que mi mundo llegaba a un punto casi ermitaño... todo ocurría entre las estrechas cuatro paredes que conforman mi pieza y esta complicada cabecita, sin capacidad de conectar con mi entorno ni empatizar con el resto.
Y pasaba el tiempo, el mundo seguía a su ritmo, y yo ahí, encerrado, a oscuras, criticando a ese mundo por ser como es, con un gato pidiendo comida como mi único público.
Y pasaba el tiempo, el mundo seguía a su ritmo, y yo ahí, encerrado, a oscuras, criticando a ese mundo por ser como es, con un gato pidiendo comida como mi único público.
El juego del yoyo, dicen. Yo, yo, yo, yo, yo.
Justo cuando pensaba que no tenía nada que perder, hasta mi lámpara de lava se quebró. Las cuatro paredes que me rodeaban mostraban mi vida tal cual estaba: a oscuras y rota.
Justo cuando pensaba que no tenía nada que perder, hasta mi lámpara de lava se quebró. Las cuatro paredes que me rodeaban mostraban mi vida tal cual estaba: a oscuras y rota.
