Esta noche jugaré a ser un cuenta cuentos:
Según dice la historia, existía una tortuga que tenía miedo de serlo, era lejos la más temerosa de su familia. Siempre quería salir corriendo, pero su lentitud se lo impedía, no podía llegar demasiado lejos, ya cansada debía regresar. Era por eso que de vez en cuando se sumergía para alejarse de todo, pensaba que ahí podía hallar la tranquilidad... qué equivocada estaba, lo único que hacía era encerrarse dentro de sus propios tormentos, de su miedo por la soledad y el fracaso.
Su mejor amigo era su caparazón, porque le ayudaba a ocultarse del mundo, era impenetrable, los años de resistir potentes golpes ya habían convertido esa armadura en una gran fortaleza portátil.
Pero un día conoció a una codorniz, admiradora de un ruiseñor que, según se dice, habría muerto en vano por una rosa roja que no fue bien valorada. Esa codorniz era alegre y segura, brillaba en cualquier lugar, sus danzas y prestancia no le eran indiferente a persona alguna. Por supuesto, era todo lo contrario a la autodestructiva tortuga.
Se hablaron por casualidad, no parecía algo demasiado relevante. La tortuga, ensimismada, no prestó mayor atención a esta ave que no paraba de cantar. Te vas a enamorar perdidamente de mí, dijo esta audaz, y casi arrogante, ave. Basura, pensó para sí misma la tortuga, no hay nada en el mundo que me pueda llegar a cautivar.
Si bien no fue el mejor diálogo, desde ese día comenzaron a conocerse. Pasaron los días y las semanas, cada vez pasaban más tiempo juntas estas dos personalidades tan opuestas y, según se daban cuenta con el tiempo, tan iguales. Llegó un momento en que estar juntas pasó a ser necesidad, en que se dieron cuenta de que debían conversar sobre la vida lo más que se pudiera.
Y así fue, esa codorniz ayudó a la tortuga a volar, le recordó que soñar todavía era posible, y lo más importante, que su caparazón tan pesada no debe usarla siempre, que estando juntas no hay nada que temer. Tal vez esa ave también aprendió muchas cosas, pero no me las ha contado, sólo he conversado mentalmente con la tortuga. Me gustaría saberlo.