sábado, 23 de agosto de 2008

Dino


Dino es el nombre que mi mamá le puso al perrito que nos trajo Marisol, la vecina, en marzo de 1995. Fue el fruto del amor(jaajaj) entre una imponente hembra de raza Pastor Alemán y un simpático colie. En fin, siempre dijimos que nuestra mascota era mezcla, era un quiltro al fin y al cabo, pero no cualquier quiltro, era el Dino.

Los primeros días se cagaba dentro de la casa igual que todos los perros chicos, si era cachorro po!. Pasó el tiempo y esa pequeña esponja café, que era abrazada por todos nosotros, comenzó a crecer y crecer y crecer, hasta adquirir un porte y una estampa que pocos exponenetes de su especie tienen. Heredó la estatura y las mandíbulas de su madre que, a propósito, eran de temer, el abundante pelaje en la zona del cuello, obviamente viene por el otro lado, junto con esa miradita simpaticona que tienen casi todos los colies, algo así como la cara de lassie, que tieeeerno no?, que pretty´s nice, como diría alguien por ahí.

Todos estábamos chochos con nuestro guardián atlético, juguetón e inteligente. A veces, parecía entender el lenguaje humano, o puede ser que convivió tanto con nosotros que, de pronto, aprendió a interpretar ciertos gestos nuestros, no sé la verdad, esto es sólo especulación. One moment!!, parece como si el perro estuviera muerto y no, para alivio de algunos y malestar de otros, este chiquillo que anda en cuatro patas sigue entre nosotros, claro que hoy en día es un abuelito.

Es justamente este capitulo el que me motiva escribir en este lugar, donde probablemente entrarán 3 o 4 personas, tal como a mi me gusta ajaj. Dino está viejo, bastante deteriorado. Ya no se comporta de manera inteligente, mucho menos es ágil; duerme todo el día y tiene dificultades para ponerse de pie, peor aún, se orina sin quererlo y sin levantar su patitita :(.

Hoy, cuando este compañero de toda una vida, que alguna vez me arrastró por el suelo jugando, tuvo un accidente que no lo tuvo al borde de la muerte ni mucho menos, pero en una situación que evidenciaba su vejez, me dí cuenta de que ya no lo valoramos como lo hacíamos antes, que todos los problemas que está dando nos hacen verlo como un cacho y hemos dejado en el olvido todos los maravillosos momentos que vivimos junto a él.

Es tan difícil valorar a los seres queridos mientras los tienes vivos y esperas hasta el día de su muerte para darte cuenta de cuánto los quieres, hace mucho que yo no le hacía cariño a Dino, y hoy, cuando lo hice, me di cuenta que era el de siempre, el de siempre que ha iniciado una cuenta regresiva y, por lo mismo, debemos abrazarlo y apretujarlo hasta que Dios o quien sea que determine quién vive y quién muere, decida que es la hora de que nuestro amigo parta.

Saludos.